miércoles, 1 de abril de 2009

Plan de embelleciniento del la Ciudad de Limón



 
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La ciudad de Limón en manos de quien
En la ciudad de Limón,el ambular de proveedores y bocatijeras paty, bon, cajetas, maní, ha sido, históricamente, un elemento primordial en la construcción de un imaginario callejero, no siempre coincidente con la perspectiva municipal.
Los miembros activos del COMPORT consideramos entre otros actores urbanos, a los vendedores ambulantes como imprescindibles para la valoración simbólica de la ciudad, como infaltables en toda representación urbana. Y sabemos que las representaciones (junto a la economía, el planeamiento y la arquitectura) también construyen la ciudad. Los ambulantes –a través de la experiencia colectiva – serían marcas de lectura del patrimonio cultural. En palabras de Armando Silva, constituirían "una sobrecarga imaginaria en la cultura urbana, (...) parte de una densa red simbólica en permanente construcción y expansión"
En Latinoamérica, a la tradición sostenida que mencionábamos se suman, hoy en día, al calor de las políticas neoliberales (con deterioro general de la economía, cierres del ferrocarril y estivadoras), una serie de factores de acelerada degradación y caos urbano que complejizan esa apropiación y modifican ese imaginario. Al aumento explosivo de vendedores ambulantes varias ciudades de Costa Rica, vieron sus calles transitadas por un ejército de recolectores de hierro y sobras de comida, popularmente llamados "piedreros", constituido por cientos de éstos que llegaron todas las noches desde la periferia urbana en busca de recursos para su adicción.
He aquí planteado el dilema clave: ¿Cómo preservar nuestra tradición limonense, actualizar y enriquecer ese imaginario, recuperando la dignidad humana, a salvo de la exclusión, la marginalidad, la pobreza creciente y los abusos del poder?
La tradición urbana de la venta ambulante y la sociabilidad en la vía pública se construyó a partir de la herencia indoamericana y los aportes de la cultura hispanoárabe. Desde tiempos prehispánicos, durante la Colonia y los procesos de Independencia hasta nuestros días, el comercio callejero tuvo fuerte presencia en las ciudades latinoamericanas; siempre vivo, casi siempre ilegal o al borde de la legalidad, de los úkases de Cabildos y Legislaturas.
Queda compartir esta reflexión con usted.
El hoy llamado sector "informal", entonces, no es otra cosa que la modalidad actual del histórico protagonismo popular; es la América profunda que se apropia de calles y de plazas para vivir y sobrevivir en la ciudad. Y estos nuevos nómadas urbanos lo hacen como pueden, con la precariedad, la necesidad, la desesperación, la astucia y el desafío que les impone el desempleo y la economía "formal" del neoliberalismo avasallador, hoy en evidente retirada. Esquina caliente (7) son expresiones extremas de esta nueva "informalidad", perseguida y no tolerada por las autoridades de la Cámara de Comercio local, con el argumento de la invasión del espacio circulatorio, la insalubridad, la evasión de impuestos, la competencia desleal y el fomento de la falsificación y el contrabando.
Estas escaramuzas urbanas ya son espectáculo corriente en el centro de San José, Batalla reiteradamente perdida por los inspectores municipales.
Tengamos en cuenta que, en un arbitrario control de infracciones, no se persigue con el mismo celo ni con "tolerancia cero" a las obstrucciones o "prolongaciones" del comercio "formal" sobre el espacio público, con sus caballetes, percheros, mesas, enormes marquesinas y carteles en voladizo.
Pero la marginalidad no es el detonador excluyente del ambulantaje sino que, como ya tenemos dicho, hay que considerar la dimensión cultural americana y la "pregnancia simbólica" (8) de ese imaginario popular.
Con el cambio de escenarios, que nos propone el Proyecto Limón Ciudad Puerto, las pautas de consumo, composición social y étnica, el imaginario callejero será tal vez variado a través del tiempo, será así, como "los vendedores ambulantes desaparezcan de las calles. Si estos logros son insertados mediante los programas de los diferentes componentes de este proyecto, recalco: será posible lo que se pretende, no sin que exista el trabajo en conjunto con el municipio de forma voluntaria de los diferentes actores. Esto solamente puede ser convocado por el Licenciado Eduardo Barboza haciendo pleno uso de sus facultades como alcalde. Se esperaría que el departamento competente se prepare, para que una vez que estos vendedores se formalicen y dejen libres las calles como se pretende, estos espacios no vuelvan a ser ocupados por otros con la llegada de la inmigración masiva, que podría bien darse por el embellecimiento de la ciudad y por la llegada de mas turistas.
Estos inmigrantes, se instalarán fundamentalmente en la ciudad, sin mayor experiencia del trabajo urbano que en nuestro caso se orienta al servicio en los Puertos y optarán en gran medida por el cuentapropismo.
Aunque no conocemos datos oficiales sobre el número de vendedores ambulantes en la ciudad de Limón, contamos con una estimación de 900 entre ambulantes y estacionarios.
Por último, te envió los rostros humanos de algunos comerciantes que claman oportunidad de trabajar. Mira sus ojos, piensa en sus familias y planea tu respuesta.


¡Vivan siempre el trabajo y la paz! ¡ Sintrabajo no hay paz!...
Cabe destacar que estos personajes, junto a los barrenderos y a otros trabajadores callejeros, eran hace años: muelleros, ferrocarrileros y otros; quienes a pie con sus canastas, cajas, jaulas, perchas y carritos, hoy recorren la ciudad y los caseríos tratando de seguir siendo miembros activos del COMPORT (Comunidad Portuaria), desplazados por el modernismo de la actividad, resinificando el imaginario callejero en permanente desafío al ideario municipal. Es el juego del gato y del ratón. Nuevo esfuerzo vano del gato resistido con tozudez por ese poderoso gremio de los ratones contraventores. Así, el cuentapropismo y el ambulantaje reafirmaban su arraigo y presencia en los barrios y en la ciudad. Ni bien desaparecían unos tipos surgían otros.
Dos estrategias
Ante esta nueva realidad, ante las "fugas" del orden establecido, ante las "normas" propias de los ambulantes para el uso de la calle, se plantearon dos estrategias desde el poder municipal: la "limpieza social" y la reterritorialización.
La primera derivó, en todos los casos, en enfrentamientos con la fuerza pública o en sucesivos desalojos y reconquistas de la calle (un interminable juego del gato y el ratón), con el consiguiente fracaso del control oficial.
Las experiencias de reterritorialización, en varias ciudades latinoamericanas, han sido bastante conflictivas debido a la rígida concepción del "orden urbano" de las autoridades competentes.
Dado que el territorio del comercio "informal" es la vereda y la calle, sería prudente que dicha reterritorialización (en puestos móviles, semifijos o fijos) no implique expulsión sino que atienda a dos condiciones básicas: el uso racional por los ambulantes de vereda y calle –si fuera necesario rediseñando esos espacios – y la garantía de sitios estratégicos de compra-venta (centros de trasbordo, puntos de concentración pública, etc.). Esto llevaría a crear un tercer espacio fronterizo entre lo "formal" e "informal" en las mismas zonas de demanda elegidas por los ambulantes.
En fin, estas reflexiones tienen el propósito de marcar la relevancia del ambulantaje desde la perspectiva de los imaginarios urbanos.
Consecuentemente, repensar el comercio en vía pública, aceptando la presente situación socio-económica de los ambulantes urbanos (desempleados, "informales", nuevos pobres, migrantes), respetando la tradición americana (con la singularidad porteña, poco comparable a las urbes andinas o centroamericanas) e inventando diseños, espacios y normativas conformes a esta realidad.

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